Convivencia pacífica

 

Convivencia pacífica

“todos hablan de paz, pero nadie educa para la paz… en el mundo educan para la competencia, y la competencia es el comienzo de cualquier guerra.” (Lipnisky 2012.s.f.)

Vivimos en una sociedad donde competimos cada día por diversas razones. Es una competencia voraz y en muchas ocasiones despiadada, competimos con nuestros pares por ser el mejor en lo que hacemos, competimos como mamás para reconocer cuál es la mejor y cuál ha criado mejor a sus hijos, competimos como estudiantes para distinguir entre las mejores notas, competimos con nosotros mismos para ser nuestra mejor versión, en fin, competimos.

Sin embargo, nos detenemos a pensar en aquellos ambientes en los que se debería generar paz y serenidad, aquellos donde la mayoría soñamos con pasar horas de nuestra existencia, con música agradable, colores relajantes y que quienes nos rodean tengan una actitud conciliadora y pacífica, pero, ¿Cuánto invertimos nosotros mismos en ese ambiente? ¿Cuánto aportamos en la cotidianidad a mejorar las circunstancias propias y colectivas?

Es importante que nuestros centros educativos tengan una ambiente donde cada estudiante que ahí se presente se sienta amado y seguro, donde reciba la motivación que necesita para prestar atención y donde más que una competencia se formen discentes con la habilidad de trabajar con sus pares y en equipo lograr metas colectivas.

En épocas recientes y ante las múltiples muestras de descomposición del tejido social, se ha considerado necesario volver a destacar que el rol actual de las escuelas va más allá de la transmisión de conocimiento, pues representan espacios de formación valoral y emocional que deben proporcionar a los educandos herramientas para vivir y convivir con otros. (García y Klein, 2014, p.2)

Las escuelas hoy en día buscan enseñar de manera integral, nutriendo a los discentes desde diversas áreas que mejoren su calidad de vida y la de quienes les rodean, concluyendo en la evolución hacia una mejor sociedad, más inclusiva y con mejores oportunidades para quienes en ella habitan.

Es conveniente recordar el rol docente, aquel que forma y acompaña, que no es el centro del proceso, sino que enfoca su importancia en el estudiante y quien debe ejercer la motivación para que quieran seguir aprendiendo, pero esto no es sinónimo de una buena calificación, es un proceso y no un resultado, esto sin duda puede ser el comienzo de un ambiente donde se conviva mejor y donde cada discente está enfocado en lo que es realmente importante.
Las conductas de agresión y violencia alteran el ambiente escolar repercutiendo negativamente en el aprendizaje. Un buen clima escolar que favorece el aprendizaje estaría definido por tres factores: no violencia, ausencia de perturbaciones para estudiar y amistad (Ascorra, Arias & Graff, 2003).

Referencias

García Cabrero, B., & Klein Kreisler, I. (2014). La construcción de ambientes educativos para la convivencia pacífica: el modelo pedagógico del programa SaludARTE. Sinéctica, (42), 1-13.

Lipnisky , P. (6 de abril de 2014). Educar para la paz. (R. Semana, Entrevistador)


Comentarios